Grappling Militar:
el combate cuerpo a cuerpo cuando todo se reduce a metros.
Nos ha tocado vivir en la era de los sensores, los drones y el armamento de precisión y podría parecer que el combate cuerpo a cuerpo pertenece al pasado. Sin embargo, la realidad operativa demuestra lo contrario. Un claro ejemplo es el actual conflicto entre Rusia y Ucrania poniendo de manifiesto la necesidad de continuar con la “anticuada” instrucción sobre el terreno basado en trincheras y pozos de tirador, protagonistas en los enfrentamientos bélicos del siglo pasado. A veces no recordamos que una posición nunca estará tomada hasta que no lo pise las botas de un soldado, por mucha tecnología que se pueda utilizar en ese momento.
Ante todo esto debemos pensar en los posibles escenarios que esto da a lugar, ya que no son pocos, y reducir la instrucción técnica operativa al individuo aunque las formas de proceder siempre sean en equipo y/o por binomios. Nos referimos a esa instrucción cuando se les enseña en el manejo y uso de todas las herramientas a su alcance. Nosotros vamos a reducir al máximo el concepto de herramienta para llegar a la auténtica base: nuestro cuerpo. ¿Qué sucede cuando el enfrentamiento se comprime a pocos metros, cuando el arma se encasquilla, el entorno impide disparar o el objetivo debe ser capturado con vida? El Grappling Militaremerge como una herramienta decisiva.
El Grappling Militar no es un deporte ni una disciplina cerrada. Es un sistema funcional de combate cuerpo a cuerpo diseñado para escenarios reales y en constante evolución, donde no hay árbitros, superficies acolchadas ni tiempos de recuperación. Su finalidad es clara: controlar, neutralizar o incapacitar a un adversario de la forma más rápida y segura posible, protegiendo al combatiente y a su equipo.
A diferencia del grappling deportivo -o cualquiera de las disciplinas deportivas de las que se provee- cuyo objetivo es puntuar o someter bajo reglas estrictas, el grappling militar se construye alrededor de la misión y del objetivo. También existen diferencias claras con su sistema hermano, el Grappling Policial, ya que el entorno y la legislación aplicable donde se desarrolla cada sistema son completamente diferentes. Cada técnica se evalúa por su eficacia bajo estrés, con equipamiento completo y en condiciones desfavorables. Chalecos, cascos, armas largas colgando del cuerpo, espacios reducidos y fatiga acumulada forman parte del contexto habitual de aplicación.
En su base técnica, el Grappling Militar prioriza tres pilares fundamentales. El primero es el control de la distancia. Saber cerrar el espacio para impedir el uso eficaz de armas largas, o por el contrario crear separación para recuperarlas. El segundo pilar es el dominio posicional. Derribar no basta; hay que caer en ventaja, limitar la movilidad del adversario y anular su capacidad de reacción. El tercer pilar es la finalización funcional, entendida no como una sumisión deportiva, sino como la capacidad de dejar al oponente fuera de combate o bajo control total en segundos. Muy fácil de entender para aquellos familiarizados con los conceptos de “desequilibrio, preparación y proyección” o “derribo, control y finalización”.
Las técnicas empleadas proceden de disciplinas contrastadas como la lucha, el judo o el jiu-jitsu, pero adaptadas al entorno táctico. Se eliminan movimientos complejos o dependientes de precisión fina y se refuerzan aquellos que funcionan con fuerza bruta, estrés elevado y coordinación limitada. Evitamos caer en conceptos absurdos como intentar hacer creer que técnicas vistosas en un entorno controlado que requieren de habilidades finas son efectivas en situaciones reales. La responsabilidad del instructor es enseñar a salvaguardar la vida de sus alumnos, no de hacerlo bonito para la foto ni mucho menos engañar a sus combatientes. Nuestro criterio no es la estética ni la sofisticación, sino la fiabilidad.
En el grappling militar, cada agarre, cada transición y cada posición se analiza desde una pregunta esencial: ¿puede el adversario acceder a un arma? La retención, el desarme y la protección del propio equipo son tan importantes como el control físico del oponente y del entorno. Se trabaja bajo fatiga, con estímulos de estrés, en escenarios simulados que replican interiores de edificios, vehículos o pasillos estrechos. El objetivo no es solo aprender técnicas, sino desarrollar la capacidad de tomar decisiones simples y eficaces cuando el cuerpo y la mente están al límite.
Les comparto una reflexión que les digo a mis alumnos: “Cuando estás aprendiendo a conducir, pisar el embrague para el cambio de velocidad lleva fases, tiempos de ejecución, etc. que al principio suele ser lioso o llevar algo de dificultad en combinar todo ello. Cuando llevas un año conduciendo te das cuenta que haces cambios de marcha sin pensarlo en absoluto. Exactamente igual debería ser la forma de entrenar un sistema de combate. Repetir técnicas desde diferentes enfoques para que cuando se te exponga a una situación que no te permita pensar con detenimiento puedas ejecutarla en modo automático” Resumiendo, hay que entrenar la memoria muscular.
Lejos de ser un vestigio del pasado, el Grappling Militar es un sistema moderno y necesario. En un entorno operativo cada vez más complejo, donde las reglas de enfrentamiento y la proximidad al civil condicionan la acción, dominar el combate cuerpo a cuerpo no es una opción, sino una responsabilidad profesional.
Julio J. Vidal
