GRAPPLING MILITAR.
La urgencia de modernizar el combate cuerpo a cuerpo en el Ejército.
En el artículo anterior estuve hablando sobre el regreso del combate a distancias cortas y del papel del Grappling Militar en ese contexto. Ahora nuestro deber es mirar hacia dentro y hacerse una pregunta incómoda pero necesaria: ¿Está el Ejército preparando realmente a sus soldados para este tipo de escenarios? La respuesta corta es que no. Al menos no de una manera alineada con la realidad actual. Es cierto que contadas unidades van dando pasos hacia delante, y lo celebro pero nos están adelantado por la derecha y no únicamente nuestros aliados.
La instrucción de el combate cuerpo a cuerpo en el ejército arrastra una herencia claramente fuera de tiempo. Los programas rígidos que no se adaptan, las técnicas no cambian, la base se apoya en artes marciales que se usan para mostrar o para desarrollo personal, no para pelear en un enfrentamiento real, violento y caótico. En el combate cuerpo a cuerpo, en ocasiones los soldados siguen entrenando como si el enemigo diera señal, como si el ataque se hiciera con calma, como si el entorno no tuviera obstáculos y no cambiara. Eso no es la realidad. ¿Quien no ha oído un “No, atácame por aquí y de esta manera”?
Uno de los problemas que veo es el abuso de las técnicas coreográficas como si de una danza folclórica se tratara. El combatiente hace que el movimiento encaje usando la técnica como está, si le varían una mínima rotación de muñeca se va todo el trabajo al traste. No se aprende a leer una amenaza que exista. La situación genera una sensación de competencia y la sensación se derrumba cuando la presión, el cansancio o la sorpresa aparece.
A esto se suma la influencia de las disciplinas que, sin ser inútiles, no están diseñadas para el combate real actual. Sistemas o artes marciales basados en la reacción: esperan el ataque, lo absorben, redirigen y responden. El problema es claro: en un enfrentamiento real la acción es casi siempre más rápida que la reacción. Quien toma la iniciativa impone el ritmo, impone el espacio y decide el resultado. Entrenar solo la respuesta es empezar siempre un paso por detrás.
Además, muchas de esas técnicas parten de supuestos poco realistas. También suponen que el enemigo no sabe pelear o que va a actuar de una forma clara. El combate real es crudo. No hay agarres bonitos; hay empujones, cabezazos, golpes bajos, armas improvisadas y los compañeros del enemigo que aparecen sin avisar. No hay tiempo para secuencias largas ni para buscar la técnica perfecta.
El otro punto importante es la escaso trabajo ofensivo. El entrenamiento enseña al soldado a zafarse, a bloquear, a proyectar en condiciones ideales, pero apenas se entrena al soldado a entrar en un buen derribo, a romper la estructura del adversario, a tomar la iniciativa de forma fuerte y clara. El soldado no solo tiene que saber defenderse, también tiene que saber imponer la fuerza controlada cuando la situación lo exige. No se trata de la crueldad, se trata de la efectividad.
La modernización pasa por un cambio de mentalidad. Menos tradición, más realidad. Menos coreografía, más paso a paso y más constancia en la instrucción. El combate cuerpo a cuerpo debe estar enfocado para llegar a entrenarse en situaciones de la vida: el espacio no es grande, el equipo está puesto, la fatiga se acumula, la oposición actúa. El compañero no coopera, el compañero resiste. El instructor no corrige el error al detener la clase; el instructor aprende del error mientras la clase sigue. Pero reitero que para llegar a eso debemos seguir un entrenamiento basado principalmente en la constancia y desde la base.
Disciplinas como el grappling, el judo, el wrestling o los sistemas de combate ofrecen herramientas que encajan con el desempeño militar. No son una moda. Las disciplinas usan el control del equilibrio, el dominio del suelo, la gestión del peso del adversario y la continuidad entre golpeo, agarre y proyección. Sin adornos. Sin mística.
Modernizar no significa borrar todo lo anterior, pero sí filtrar sin miedo. Quedarse con lo que funciona bajo estrés y descartar lo que solo funciona en el tatami. Al igual que de nada me sirve enseñar a un policía a que ejecute una estrangulación de triángulo con su uniforme, de nada me sirve hacerles interiorizar a mis combatientes que deben soltar una finalización cuando el oponente tapee, por poner un ejemplo. Recordar que entrenamos la memoria muscular y en caso extremo si un oponente nos tapeara y de ello dependiera nuestra vida no podemos arriesgarnos a que inconscientemente liberemos la presión. El enemigo no va a respetar tradiciones, ni grados, ni estilos, ni éticas. Va a atacar rápido, fuerte, sin avisar y va a ser sucio. Preparar al soldado para otra cosa es fallarle.
No quiero dejar pasar la oportunidad de señalar el acierto, desde mi humilde opinión, del responsable de la instrucción del Batallón de Policía Militar Nº1 en Bétera, Valencia. He visto recientemente que han tenido la oportunidad de poder entrenar en las instalaciones del equipo American Top Team Spain, en Massanassa, referente en la disciplina de MMA y Brazilian Jiu-Jitsu y que estoy seguro han sido jornadas provechosas que han puesto en su sitio muchos conocimientos y habilidades a nuestros policías militares. La verdad que siempre que he pasado por ese acuartelamiento me ha parecido que llevan una linea de instrucción del combate cuerpo a cuerpo en sintonía con mi manera de ver este asunto. Sé de buena mano que allí han tenido y tienen unos grandes profesionales del sector, alguno de ellos convertidos en referentes para mi.
El Grappling Militar sirve cuando todo lo demás no funciona. Si se entrena, hay que hacerlo con rigor, con realismo y con honestidad. La guerra cambió. La instrucción no puede quedarse en el pasado.
Julio J. Vidal
